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"El Toque Nelson"
     
Se inicia el combate.


A las 06.00 horas aparece la señal Izad velas y adelante. Al mediodía, con solo 7 barcos fuera de la bocana, el viento desaparece y reina la calma. Es necesario utilizar botes para remolcar el resto de la escuadra y no es hasta el mediodía del 20 que toda la escuadra se encuentra en mar abierto. En Cádiz se presiente la catástrofe y en la iglesia del Carmen es tal la cantidad de gente que acude a rezar, que se tienen que formar tandas para entrar. El tiempo que había permanecido la escuadra en Cádiz había restado la poca habilidad que tenían los miembros de las tripulaciones; además los navíos no estaban suficientemente equipados: los españoles se temen lo peor.
 
Columna de Nelson en Trafalgar Square. Esta plaza londinense está dedicada a la victoria británica en aguas gaditanas.

El 19 a las 09'30 horas el Mars repite la señal ' El enemigo empieza a salir del puerto '. En ese momento, desde el Victory se iza la señal ' Persecución general, sudeste '. Nelson establece un sistema de seguimiento de la escuadra y manda colocar dos fragatas cerca del enemigo para que comuniquen los movimientos al Defence, quien se los transmitirá al Colossus, este al Mars y por fin desde el Mars al Victory. Las comunicaciones durante la noche se hacen con luces.

Durante el 20, la escuadra se dirige al sur, hacia el estrecho de Gibraltar, alejándose del cabo de Trafalgar. La formación es de 3 columnas, pero muy irregulares debido a la poca experiencia de las tripulaciones. A última hora de la tarde el viento sopla del oeste, lo que permite que los barcos giren y se encaminen directamente al estrecho, pero esta maniobra termina de desordenar la formación.

A las 19'00 horas en el Redutable se ven luces de señal de los barcos de Nelson: se informa a Villeneuve, pero las comunicaciones en la escuadra combinada se hacen a voz y hasta las 20'30 horas no llega el mensaje. En ese momento Villeneuve ordena que la escuadra se coloque en línea de batalla.

Al amanecer del día 21, las dos flotas se distinguen claramente. A las 5'45 desde el Victory se transmite el mensaje para que la flota se divida en dos columnas. Entonces el General Gravina pide a Villeneuve permiso para obrar independientemente de la línea con la escuadra de observación que está á sus ordenes. El francés lo desaprueba, obligando a Gravina a que permanezca en la línea de batalla y subordinado a los movimientos generales.
Villeneuve ordena una virada por redondo a un tiempo en toda la línea, pretendiendo con ello que se inviertan la vanguardia y la retaguardia, pero resulta un verdadero desastre: la línea se había roto dejando grandes claros al enemigo. Se debe mencionar que este movimiento ordenando por Villeneuve era para tener Cádiz bajo el viento en el caso de una derrota. En ese momento Nelson envía un mensaje a su flota: ' Inglaterra espera que todo hombre cumplirá con su deber ' , y a continuación ' Atacad al enemigo de cerca '.

En el San Juan Nepomuceno, Churruca mira por el telescopio el mástil del Bucentaure a la espera de una solución, como no se produce, sacude la cabeza y se dirige a su segundo al mando " Nuestra vanguardia será aislada del cuerpo principal y nuestra retaguardia se verá abrumada. La mitad de la línea estará obligada a permanecer inactiva. El almirante francés no lo entiende. Sólo ha de actuar con osadía, sólo ha de ordenar que los barcos de la vanguardia viren de nuevo a sotavento y se sitúen detrás de la escuadra de retaguardia. Eso colocaría al enemigo entre dos fuegos ", ¡Perdidos! ¡Perdidos! ¡Perdidos!.

El principio del fin.
A las doce menos cuarto el San Agustín dispara un primer cañonazo, siguiéndole otro del Monarca. El Royal Sovereing manda la columna de sotavento, que es la primera en tomar contacto con la escuadra combinada. Descubre una abertura entre el Santa Ana y el Fougueux, se introduce por ella y descarga una andanada contra el Santa Ana y contra el Fougueux. Ambos se reponen y responden al fuego.

El Santa Ana entonces se enzarza con el Royal Sovereing. Su capitán, sabiendo que su enemigo quiere pasar a sotavento, pone toda su gente a estribor. Collingwood, ante los daños que sufre el barco, abandona el navío para proteger su vida y se embarca en la fragata Euryalus. El Santa Ana terminará rindiéndose después de sufrir graves daños. 

Mientras, el Victory se lanza entre los navíos Santísima Trinidad y Bucentaure, pero el general Cisneros junta el Santísima con el Bucentaure y no deja hueco por donde pasar. Entonces el Victory se lanza contra el Bucentaure y el barco que tiene en popa, el Redoutable.
Villeneuve comienza hacer señales a la división de vanguardia para que vire y venga a reforzar el centro de la línea de batalla, pero Dumanoir no quiere hacer caso de la orden y continua rumbo norte con su división. Pero un grupo de navíos formado por el San Agustín, San Francisco, Rayo y Heros deciden abandonar a Dumanoir y dirigirse en ayuda del centro de la línea.

Desde el Redoutable se intentan lanzar los garfios de sujeción por encima del Victory, para realizar un  abordaje, pero el Victory es mas alto. Mientras en las cofas del navío francés los francotiradores barren la cubierta del Victory. Uno de ellos consigue dar a Nelson, que gravemente herido es bajado a la cubierta de sollado.
El Victory está a punto de ser tomado, pero en su ayuda viene el Temeraire, por el costado desprotegido del Redoutable, y lanza una descarga de sus cañones que produce una carnicería en el barco francés. El Fougueux, maltrecho tras su primer encuentro con el Royal Sovereing, acude  a socorrer al Redoutable. Se juntan los cuatro barcos que quedan enganchados por sus costados.
El Redoutable pierde el palo mayor y el de mesana, desaparece su castillo de popa y cinco sextas partes de su tripulación están fuera de combate; tiene que arriar la bandera y es remolcado por el Swiftburne.

El Bucentaure se queda junto al Santísima Trinidad rodeado de barcos enemigos. Mas de la mitad de su tripulación y oficiales están heridos ó muertos, Villeneuve recorre la cubierta diciendo " Entre la carnicería que me rodea, ¿No hay una bala destinada a mí? ". Poco después arría su bandera.
El Santísima Trinidad se queda solo rodeado de siete navíos ingleses, pero todavía sostiene el fuego, el capitán del África envía un oficial a aceptar la rendición del navío, pero es cortésmente escoltado de vuelta a su bote y se reanudan los disparos por más de una hora, hasta que ni para las bombas de achicar, ni para los cañones, hay hombres.

Entonces el barco se rinde. Es un bamboleante casco gigantesco y sin mástiles. Se niega a hundirse durante casi tres días, mientras los tripulantes de los barcos británicos Ajax y Revenge tiran a los muertos por la borda y bajan todos los heridos que pueden a los botes. Pero el día 24 se rompen los cables de remolque y se hunde. De las escotillas asciende un aullido espantoso: es de los desgraciados que hay en la cubierta inferior.

El San Agustín, que se había dirigido en ayuda del Santísima Trinidad, es interceptado por el Leviatán. No hay ventaja por ninguna de las partes, pero al poco llegan el Orion y Ajax en ayuda del navío ingles y juntos al cabo de una hora rinden al San Agustín. 

Dumanoir, al ver la situación del centro, decide por fin dirigirse en su ayuda, pero al acercarse observa que todo está perdido y que la posición de los ingleses es muy fuerte. Entonces vuelve a girar hacia el oeste para huir de la batalla. El batallón lo forman el Mont-Blanc, Duguay-Trouin, Scipion, Formidable, Neptuno y Intrepide. Estos dos últimos, desatendiendo las órdenes, no quieren abandonar la batalla sin participar en ella y se vuelven para combatir. Pero su intervención no mejora la situación de la escuadra aliada. La columna de observación, que cubre la retaguardia de la escuadra combinada, se ve envuelta por navíos que siguen a Collingwood. El principal objeto es el apresamiento del buque insignia del general Gravina, el Príncipe de Asturias. Este tiene que luchar contra los navíos Defiance y Revenge.

El HMS Victory se conserva actualmente en el puerto de Porsmouth, en Gran Bretaña.


El San Ildefonso, que se haya delante de Gravina, vira en redondo para equilibrar la pelea, pero al notarlo los navíos ingleses Dreadnought, Poliphemus y Thunderer arriban á todo trapo sobre los españoles, teniendo el San Ildefonso que arriar la bandera después de una defensa desesperada, lo mismo que el Argonauta, que después de ser atacado duramente por el Belleisle queda muy mal parado y en vistas de que no puede continuar el combate, se rinde.

El Príncipe de Asturias se queda solo. Gravina ha perdido un brazo y los palos de mesana y mayor amenazan con venirse abajo. Pero el San Justo y Neptune consiguen llegar hasta él. Gravina indica a la fragata Thémis que lo remolque y da instrucciones a los demás barcos que puedan navegar, que lo sigan hasta Cádiz.
Con 11 navíos casi destrozados pone rumbo a Cádiz. Atrás queda el San Juan Nepomuceno, desarbolado, acribillado y muerto su comandante, Cosme Damián Churruca. Una bala de cañón lo derribó, pero el se levantó diciendo "Esto no es nada, siga el fuego". Al poco tiempo muere desangrado. El San Juan Nepomuceno es apresado al no poder seguir a Gravina. Tampoco el Achilles puede seguirlos. Un incendio se ha declarado en la cofa del trinquete y empieza a propagarse por la cubierta. La tripulación, al ser incapaces de apagar el fuego se tira por la borda. Al poco tiempo las llamas alcanzan la santa bárbara y el Achilles salta por los aires. El estruendo sobrepasa el ruido de la batalla y todo el mundo suspende momentáneamente el combate. 

Nelson ha muerto y Collingwood manda ahora la flota británica. Las últimas órdenes de Nelson eran que la flota anclara ante el temporal que se avecinaba, pero Collingwood no ancla la flota. Durante casi una semana, la tempestad que azota la costa de Cádiz fue peor que el combate sucedido: el Redoutable, que es remolcado por el Swiftsure, se hunde con muchos de los heridos todavía abordo; el Bucentaure, sin mástiles, encalla en la playa cercana al puerto. Los tripulantes son británicos que conducen la presa hacia Gibraltar. Estos son acogidos con hospitalidad por los gaditanos.

Desde Cádiz salen varios navíos para intentar recuperar a los apresados. Son el Asís, Montañés, San Justo y Rayo que salen en busca del Santa Ana. Más adelante se les une dos navíos franceses. El Santa Ana es recuperado pero debe ser remolcado a causa del mal estado del casco por la fragata Themis.
El Rayo es arrastrado a la costa y allí embarranca, igual que el San Francisco, Monarca y Neptuno. De este modo finalizó la batalla de Trafalgar, poniendo fin a un Imperio y a la hegemonía naval de un país.

La desastrosa Armada española.


En tiempo de paz eran más necesarios los buques menores, con los que hacían labores de guardacostas y vigilancia o protección de convoyes frente a piratas, que los grandes navíos de línea. Estos últimos eran utilizados como escoltas y llevaban menos tripulación que en tiempos de guerra. Los navíos de 112 cañones en tiempo de paz tenían una tripulación y guarnición de 875 hombres, en periodos de guerra subían a 1048 hombres. Esta diferencia sumada al empleo de todos los navíos y buques para el servicio activo hacían imposible dotarlos con marinería y tropa profesional y de ahí el reclutamiento forzoso y masivo, con las deficiencias que esto ocasionaba. Para Trafalgar se aprestó una flota con prisas y falto de muchos recursos.
 
Horatio Nelson, Almirante de la flota británica y fallecido en Trafalgar.

El general Álava informó el 6 de agosto de 1805 de la falta de pericia de los artilleros de la flota:

"En la revista de inspección que acabo de pasar a los navíos “Bahama” y “San Leandro”, me pareció conveniente hacer que se representase el simulacro de un combate de mar practicándose el ejercicio de cañón á fuego para poder formar juicio del grado de instrucción en que se hallan los equipajes, mas como era la primera vez que disparaban artillería, ocurrieron adversos defectos de entidad, producidos por falta de tales ejercicios, como el introducir algunos los cartuchos por el revés, dejar otros dentro el atacador, etcétera. Esto me ha hecho conocer la necesidad absoluta de que se verifiquen una y otra vez en los navíos estos ejercicios que no están en uso, y que por este motivo lo participe á V. E. por si mereciese su aprobación ésta providencia, y el consuno de la pólvora adicionada que podrá este efecto pido al Departamento, disponiendo que se hagan cartuchos de papel y de sola la mitad de la carga ordinaria con el fin de economizar gastos".

Pero, ¿desde cuando era tan desastrosa la situación de la Armada española? Hasta el fin del reinado de Carlos III en 1788, las tripulaciones españolas habían sido igual de eficaces que sus homólogas británicas y francesas, sobre todo en funciones de guardacostas y protección de las rutas comerciales y de sus convoyes, que era lo que realmente importaba para la conservación del enorme imperio español de ultramar.

Fue la llegada de un rey débil e incompetente, Carlos IV, junto con ministros totalmente ineficaces y analfabetos en los asuntos del mar, como Godoy, y una Hacienda en ruina, las razones que llevaron en poco menos de una decena de años a una Armada poderosa y temible a ser un mero títere de los franceses, en un estado de dejadez lamentable, con una marinería carente de entrenamiento, que no recibía sus salarios, sin ninguna inversión en artillería y otros adelantos tecnológicos... Todo este cúmulo de despropósitos le costaron a España su Imperio.

Por contra, la mayor parte de los oficiales ingleses eran veteranos del combate y sus marineros eran, sobre todo, voluntarios que procedían de ambientes marinos mercantes y que habían sido presionados para alistarse obligatoriamente por las temibles "bandas de reclutamiento". Como un barco mercante navega prácticamente igual que un buque de guerra, estos marineros conocían bien su oficio y dieron a los británicos una decisiva ventaja en navegabilidad y agilidad en combate, amén de una gran confianza en los hombres y en las expectativas de victoria, algo que los aliados nunca tuvieron.

Detalle de la distribución de las líneas en el momento del combate.


En orden de combate.

Los oficiales británicos sabían que, debido a su inferioridad numérica, la colocación de sus barcos iba a ser crucial cara a la batalla que se iba a desarrollar, motivo por el que consideraron como mejor opción la de situarse a barlovento del enemigo. Los aliados, por el contrario, preferían el sotavento, por los motivos que iremos dilucidando a continuación.
Esta forma de plantear batalla, daba mayor maniobrabilidad al comandante británico y la capacidad de escoger el momento de ataque mientras que obligaba a su opositor a esperar el movimiento y reaccionar en consecuencia. Mientras, el barco de sotavento tenía la capacidad de escabullirse más fácilmente si la batalla se tornaba en contra y esto, como podemos deducir, era una táctica con más visos de supervivencia que de victoria.

Por otro lado, existían dos formas de entender el combate en el mar: los franceses preferían desarbolar los barcos enemigos, ya que de este modo quedaban a su merced. Para ello concentraban toda su potencia de fuego en los aparejos de las embarcaciones rivales, hasta que el barco quedaba sin rumbo ni gobierno.

Los ingleses, al contrario que los franceses, entendían la que la mejor manera de acabar con el enemigo era eliminando su tripulación y para ello disparaban sus piezas contra el casco de las embarcaciones. En general era muy raro que los buques de aquella época se fueran a pique debido al castigo que le pudieran infligir las piezas de artillería. Ahora bien, el volumen de muertos, heridos y mutilados era elevadísimo, ya que la propia estructura de madera era un arma en si misma y con cada cañonazo las astillas que salían despedidas causaban verdaderos estragos.

Pero, ¿que tácticas se emplearían en combate? ¿Iba a ser un clásico enfrentamiento en que las dos escuadras se situarían en paralelo, una a sotavento y otra a barlovento mientras las andanadas se sucedían hasta que alguien resultara vencedor?
Para los británicos estaba claro que no. Ellos intentarían una nueva y arriesgada manera de pasar a la acción: acercarse a la línea de fondo e intentar atacar al enemigo perpendicularmente. Claro que existía una pega: el ataque perpendicular exponía mucho las proas de los barcos británicos, que es justamente donde menos potencia de fuego tenían los buques, lo que podría resultar en que acabaran machacados por la escuadra combinada antes tan siquiera de haber entrado en contacto.

Ahora bien. En el momento del cruce, quienes tendrían todo de su parte serían los británicos, ya que podrían disparar a placer sobre las proas y popas de las embarcaciones enemigas. El Almirante Nelson, que era considerado muy audaz en sus planteamientos, decidió que esta era la forma de proceder. Eso unido a la ineptitud del comandante de la escuadra combinada, el Almirante Villeneuve, era prácticamente una sentencia.

El Toque Nelson.


El 9 de octubre de 1805, el Almirante Nelson convocó a sus oficiales a bordo de la nave capitana de la escuadra británica, el HMS Victory, con el fin de explicarles su plan de batalla: se acercarían a la escuadra combinada en dos líneas independientes. Una de ellas, a barlovento de la otra, comandada por él mismo a bordo del HMS Victory y otra línea de buques al mando del Almirante Collingwood, a bordo del Royal Sovereign. Sería su línea la que debería romper la línea de buques franco-españoles justo por el centro, por delante de la nave capitana de la escuadra combinada, mientras que Collingwood atacaría a las últimas doce naves del final de línea.
 
Cosme Damián Churruca y de Elorza, teniente de navío español y uno de los oficiales de la flota combinada.

Según los cálculos de Nelson, esto aislaría a unos 20 buques enemigos en la retaguardia, con los que la inicial desventaja numérica se vería compensada con una momentánea superioridad británica que les permitiría envolver y acabar con la retaguardia enemiga antes de que la vanguardia pudiera maniobrar para ayudar.
Tenía también previsto que, como las embarcaciones líderes de cada una de las dos líneas de ataque británicas se verían rodeadas por buques enemigos hasta recibir ayuda, debía colocar a las tres más potentes de su escuadra a la vanguardia, a fin de concentrar toda la potencia de fuego. A este plan Nelson lo llamó El Toque de Nelson:

" Si se descubre la escuadra enemiga al viento en línea de batalla, y que las dos columnas y la división de vanguardia pueden alcanzar esa línea, esta probablemente tendrá tal extensión, que la cabeza no podrá acudir al socorro de la cola. Por tanto es verosímil que haré la señal al segundo comandante de cortarla hacia el duodécimo navío, contando desde la cola, ó por donde pueda, sino puede llegar a esa altura. Yo con mi columna atacaré hacia el centro y la división de vanguardia atacará dos, tres ó cuatro navíos mas arriba del centro, de manera a tener la seguridad de atacar el navío del comandante en jefe de la escuadra enemiga, buque que es preciso apresar a todo trance. El plan general de la escuadra británica debe ser el de estrechar todos los buques enemigos desde el segundo ó tercero mas allá del comandante en jefe (suponiendo a este en el centro) hasta la cola de la línea ".

Villeneuve y sus decisiones.
Mientras, en Cádiz, Villeneuve no tiene muy claro lo que ha de hacer y el 8 de octubre celebra un consejo a bordo del Bucentaure donde intervienen Villeneuve, los contra-almirantes Dumanoir y Magon, y los capitanes de navío Cosmao, Maistral, Villegris y Prigny todos por parte francesa, y los tenientes Gravina y Álava, jefes de escuadra Escaño y Cisneros, y brigadieres Galiano y Churruca, por parte española.

Desde el principio Villeneuve pretende que la escuadra salga de Cádiz, pero Gravina sensatamente le replica con las siguientes palabras:

" No apruebo, la salida del puerto de la escuadra combinada, porqué está muy avanzada la estación, y los barómetros anuncian mal tiempo, no tardaremos en tener vendaval duro, y por mi parte creo que, la escuadra combinada haría mejor la guerra a los ingleses fondeada en Cádiz, que presentando una batalla decisiva. Ellos tienen con qué reponer las naves que les destrocemos en un combate; pero ni España ni Francia cuentan con los recursos marítimos de guerra que la Inglaterra posee. Además: el reciente combate sobre cabo Finisterre ha hecho ver que la escuadra francesa es espectadora pasiva de las desgracias de la nuestra: sus buques han visto que nos apresaban los navíos San Rafael y Firme, y no hicieron ni un movimiento para represarlos, no pudiendo hacerlo los nuestros por las muchas averías que sufrieron de resultas del encuentro, y me temo mucho que en la acción que vamos a tener suceda otro tanto...¿Por qué salir el almirante francés de la bahía de Cádiz?. Aquí obligaríamos á los ingleses á sostener un estrecho bloqueo, otro en Cartagena, donde hay armados fuerzas navales, y sobre Tolón también otro. Para estos bloqueos tendrían que hacer grandes sacrificios: con el sostenimiento de tres escuadras en un invierno que está próximo, y con las averías que forzosamente han de tener, conseguiríamos ventajas equivalentes a un combate".

Ilustración del momento en que el HMS Victory dispara una andanada al buque francés Redoutable.


Este comentario termina convenciendo a todos, y se acuerda permanecer en Cádiz hasta que las fuerzas inglesas disminuyan.
Nelson ordena atacar todo barco de avituallamiento que se dirige a Cádiz, lo que agrava los problemas de la escuadra, que tiene dificultad de aprovisionarse al estar Andalucía recuperándose de la epidemia de fiebre amarilla que había matado a miles de personas y gran parte del ganado.

En cambio la flota de Nelson se prepara minuciosamente para el combate, las tripulaciones diariamente hacen prácticas de tiro, y la comida es generosa para todos. Los ingleses sitúan fragatas a pocas leguas de Cádiz para controlar todos los movimientos de la escuadra y así no ser vistos los navíos que forman la flota británica y evitar que se pueda determinar el número de navíos que la componen.

Villeneuve recibe una carta del ministro francés Decrés informándole que se tiene que presentar en París y dejar su cargo a Rosilly que se encamina hacia Cádiz para relevarle.

El 17 de octubre Villeneuve recibe información del servicio de inteligencia: 4 buques británicos salían al mediterráneo desde Gibraltar escoltando un convoy, y que otros 2 buques se hallaban en Gibraltar reaprovisionándose y sometidos a reparaciones.
Al día siguiente Villeneuve, pensando que la flota de Nelson se ha debilitado con las bajas de los barcos antes indicados, se decide sacar la escuadra de Cádiz y así intentar conseguir la reconciliación con el emperador.
El 19 de octubre hace las convenientes señales para hacerse a la mar toda la escuadra. Está compuesta por 33 navíos mientras que los ingleses tienen 27.

e inicia el combate.


A las 06.00 horas aparece la señal Izad velas y adelante. Al mediodía, con solo 7 barcos fuera de la bocana, el viento desaparece y reina la calma. Es necesario utilizar botes para remolcar el resto de la escuadra y no es hasta el mediodía del 20 que toda la escuadra se encuentra en mar abierto. En Cádiz se presiente la catástrofe y en la iglesia del Carmen es tal la cantidad de gente que acude a rezar, que se tienen que formar tandas para entrar. El tiempo que había permanecido la escuadra en Cádiz había restado la poca habilidad que tenían los miembros de las tripulaciones; además los navíos no estaban suficientemente equipados: los españoles se temen lo peor.
 
Columna de Nelson en Trafalgar Square. Esta plaza londinense está dedicada a la victoria británica en aguas gaditanas.

El 19 a las 09'30 horas el Mars repite la señal ' El enemigo empieza a salir del puerto '. En ese momento, desde el Victory se iza la señal ' Persecución general, sudeste '. Nelson establece un sistema de seguimiento de la escuadra y manda colocar dos fragatas cerca del enemigo para que comuniquen los movimientos al Defence, quien se los transmitirá al Colossus, este al Mars y por fin desde el Mars al Victory. Las comunicaciones durante la noche se hacen con luces.

Durante el 20, la escuadra se dirige al sur, hacia el estrecho de Gibraltar, alejándose del cabo de Trafalgar. La formación es de 3 columnas, pero muy irregulares debido a la poca experiencia de las tripulaciones. A última hora de la tarde el viento sopla del oeste, lo que permite que los barcos giren y se encaminen directamente al estrecho, pero esta maniobra termina de desordenar la formación.

A las 19'00 horas en el Redutable se ven luces de señal de los barcos de Nelson: se informa a Villeneuve, pero las comunicaciones en la escuadra combinada se hacen a voz y hasta las 20'30 horas no llega el mensaje. En ese momento Villeneuve ordena que la escuadra se coloque en línea de batalla.

Al amanecer del día 21, las dos flotas se distinguen claramente. A las 5'45 desde el Victory se transmite el mensaje para que la flota se divida en dos columnas. Entonces el General Gravina pide a Villeneuve permiso para obrar independientemente de la línea con la escuadra de observación que está á sus ordenes. El francés lo desaprueba, obligando a Gravina a que permanezca en la línea de batalla y subordinado a los movimientos generales.
Villeneuve ordena una virada por redondo a un tiempo en toda la línea, pretendiendo con ello que se inviertan la vanguardia y la retaguardia, pero resulta un verdadero desastre: la línea se había roto dejando grandes claros al enemigo. Se debe mencionar que este movimiento ordenando por Villeneuve era para tener Cádiz bajo el viento en el caso de una derrota. En ese momento Nelson envía un mensaje a su flota: ' Inglaterra espera que todo hombre cumplirá con su deber ' , y a continuación ' Atacad al enemigo de cerca '.

En el San Juan Nepomuceno, Churruca mira por el telescopio el mástil del Bucentaure a la espera de una solución, como no se produce, sacude la cabeza y se dirige a su segundo al mando " Nuestra vanguardia será aislada del cuerpo principal y nuestra retaguardia se verá abrumada. La mitad de la línea estará obligada a permanecer inactiva. El almirante francés no lo entiende. Sólo ha de actuar con osadía, sólo ha de ordenar que los barcos de la vanguardia viren de nuevo a sotavento y se sitúen detrás de la escuadra de retaguardia. Eso colocaría al enemigo entre dos fuegos ", ¡Perdidos! ¡Perdidos! ¡Perdidos!.

El principio del fin.
A las doce menos cuarto el San Agustín dispara un primer cañonazo, siguiéndole otro del Monarca. El Royal Sovereing manda la columna de sotavento, que es la primera en tomar contacto con la escuadra combinada. Descubre una abertura entre el Santa Ana y el Fougueux, se introduce por ella y descarga una andanada contra el Santa Ana y contra el Fougueux. Ambos se reponen y responden al fuego.

El Santa Ana entonces se enzarza con el Royal Sovereing. Su capitán, sabiendo que su enemigo quiere pasar a sotavento, pone toda su gente a estribor. Collingwood, ante los daños que sufre el barco, abandona el navío para proteger su vida y se embarca en la fragata Euryalus. El Santa Ana terminará rindiéndose después de sufrir graves daños. 

Mientras, el Victory se lanza entre los navíos Santísima Trinidad y Bucentaure, pero el general Cisneros junta el Santísima con el Bucentaure y no deja hueco por donde pasar. Entonces el Victory se lanza contra el Bucentaure y el barco que tiene en popa, el Redoutable.
Villeneuve comienza hacer señales a la división de vanguardia para que vire y venga a reforzar el centro de la línea de batalla, pero Dumanoir no quiere hacer caso de la orden y continua rumbo norte con su división. Pero un grupo de navíos formado por el San Agustín, San Francisco, Rayo y Heros deciden abandonar a Dumanoir y dirigirse en ayuda del centro de la línea.

Desde el Redoutable se intentan lanzar los garfios de sujeción por encima del Victory, para realizar un  abordaje, pero el Victory es mas alto. Mientras en las cofas del navío francés los francotiradores barren la cubierta del Victory. Uno de ellos consigue dar a Nelson, que gravemente herido es bajado a la cubierta de sollado.
El Victory está a punto de ser tomado, pero en su ayuda viene el Temeraire, por el costado desprotegido del Redoutable, y lanza una descarga de sus cañones que produce una carnicería en el barco francés. El Fougueux, maltrecho tras su primer encuentro con el Royal Sovereing, acude  a socorrer al Redoutable. Se juntan los cuatro barcos que quedan enganchados por sus costados.
El Redoutable pierde el palo mayor y el de mesana, desaparece su castillo de popa y cinco sextas partes de su tripulación están fuera de combate; tiene que arriar la bandera y es remolcado por el Swiftburne.

El Bucentaure se queda junto al Santísima Trinidad rodeado de barcos enemigos. Mas de la mitad de su tripulación y oficiales están heridos ó muertos, Villeneuve recorre la cubierta diciendo " Entre la carnicería que me rodea, ¿No hay una bala destinada a mí? ". Poco después arría su bandera.
El Santísima Trinidad se queda solo rodeado de siete navíos ingleses, pero todavía sostiene el fuego, el capitán del África envía un oficial a aceptar la rendición del navío, pero es cortésmente escoltado de vuelta a su bote y se reanudan los disparos por más de una hora, hasta que ni para las bombas de achicar, ni para los cañones, hay hombres.

Entonces el barco se rinde. Es un bamboleante casco gigantesco y sin mástiles. Se niega a hundirse durante casi tres días, mientras los tripulantes de los barcos británicos Ajax y Revenge tiran a los muertos por la borda y bajan todos los heridos que pueden a los botes. Pero el día 24 se rompen los cables de remolque y se hunde. De las escotillas asciende un aullido espantoso: es de los desgraciados que hay en la cubierta inferior.

El San Agustín, que se había dirigido en ayuda del Santísima Trinidad, es interceptado por el Leviatán. No hay ventaja por ninguna de las partes, pero al poco llegan el Orion y Ajax en ayuda del navío ingles y juntos al cabo de una hora rinden al San Agustín. 

Dumanoir, al ver la situación del centro, decide por fin dirigirse en su ayuda, pero al acercarse observa que todo está perdido y que la posición de los ingleses es muy fuerte. Entonces vuelve a girar hacia el oeste para huir de la batalla. El batallón lo forman el Mont-Blanc, Duguay-Trouin, Scipion, Formidable, Neptuno y Intrepide. Estos dos últimos, desatendiendo las órdenes, no quieren abandonar la batalla sin participar en ella y se vuelven para combatir. Pero su intervención no mejora la situación de la escuadra aliada. La columna de observación, que cubre la retaguardia de la escuadra combinada, se ve envuelta por navíos que siguen a Collingwood. El principal objeto es el apresamiento del buque insignia del general Gravina, el Príncipe de Asturias. Este tiene que luchar contra los navíos Defiance y Revenge.

El HMS Victory se conserva actualmente en el puerto de Porsmouth, en Gran Bretaña.


El San Ildefonso, que se haya delante de Gravina, vira en redondo para equilibrar la pelea, pero al notarlo los navíos ingleses Dreadnought, Poliphemus y Thunderer arriban á todo trapo sobre los españoles, teniendo el San Ildefonso que arriar la bandera después de una defensa desesperada, lo mismo que el Argonauta, que después de ser atacado duramente por el Belleisle queda muy mal parado y en vistas de que no puede continuar el combate, se rinde.

El Príncipe de Asturias se queda solo. Gravina ha perdido un brazo y los palos de mesana y mayor amenazan con venirse abajo. Pero el San Justo y Neptune consiguen llegar hasta él. Gravina indica a la fragata Thémis que lo remolque y da instrucciones a los demás barcos que puedan navegar, que lo sigan hasta Cádiz.
Con 11 navíos casi destrozados pone rumbo a Cádiz. Atrás queda el San Juan Nepomuceno, desarbolado, acribillado y muerto su comandante, Cosme Damián Churruca. Una bala de cañón lo derribó, pero el se levantó diciendo "Esto no es nada, siga el fuego". Al poco tiempo muere desangrado. El San Juan Nepomuceno es apresado al no poder seguir a Gravina. Tampoco el Achilles puede seguirlos. Un incendio se ha declarado en la cofa del trinquete y empieza a propagarse por la cubierta. La tripulación, al ser incapaces de apagar el fuego se tira por la borda. Al poco tiempo las llamas alcanzan la santa bárbara y el Achilles salta por los aires. El estruendo sobrepasa el ruido de la batalla y todo el mundo suspende momentáneamente el combate. 

Nelson ha muerto y Collingwood manda ahora la flota británica. Las últimas órdenes de Nelson eran que la flota anclara ante el temporal que se avecinaba, pero Collingwood no ancla la flota. Durante casi una semana, la tempestad que azota la costa de Cádiz fue peor que el combate sucedido: el Redoutable, que es remolcado por el Swiftsure, se hunde con muchos de los heridos todavía abordo; el Bucentaure, sin mástiles, encalla en la playa cercana al puerto. Los tripulantes son británicos que conducen la presa hacia Gibraltar. Estos son acogidos con hospitalidad por los gaditanos.

Desde Cádiz salen varios navíos para intentar recuperar a los apresados. Son el Asís, Montañés, San Justo y Rayo que salen en busca del Santa Ana. Más adelante se les une dos navíos franceses. El Santa Ana es recuperado pero debe ser remolcado a causa del mal estado del casco por la fragata Themis.
El Rayo es arrastrado a la costa y allí embarranca, igual que el San Francisco, Monarca y Neptuno. De este modo finalizó la batalla de Trafalgar, poniendo fin a un Imperio y a la hegemonía naval de un país.